El parque de El Retiro
El Retiro es un lugar de visita obligada para cualquiera que pase por Madrid. Es un lugar ideal para pasear, montar en bicicleta, escuchar músicos callejeros, patinar, remar en alguna de las barcas del lago, jugar en alguno de sus parques infantiles, leer bajo un árbol, tomar el sol a la orilla del lago, visitar las exposiciones que albergan algunos de sus edificios, disfrutar de un masaje oriental, dejar que te echen las cartas, comprar un cuadro pintado en el acto, posar para una caricatura, observar a unos titiriteros, y un largo etcétera.
Se encuentra muy cerca del centro, entre las calles de Alcalá, Alfonso XII y Menéndez Pelayo. Su extensión alcanza las 118 hectáreas y cuenta con 23.000 árboles (entre ellos castaños de Indias, cerezos, acacias, plátanos, abedules, robles, fresnos y olivos). Hasta la década de 1930 la zona en la que actualmente se sitúa el parque era campos de cultivo y pequeños bosques. Entre las escasas edificaciones del lugar había casas campesinas, alguna ermita y el Monasterio de San Jerónimo el Real. Se dice que junto al monasterio existía un Cuarto donde los reyes se retiraban para guardar luto o prepararse para celebraciones y ocasiones especiales. Por este hecho el parque se conoce como “Los Jardines del Buen Retiro”, y más popularmente como “El Retiro”.
El parque se construyó entre 1630 y 1640, cuando el Conde-Duque de Olivares, valido de Felipe IV (1621 - 1665), le regaló al rey unos terrenos para el recreo de la Corte.
En aquellos terrenos, entonces en las afueras de Madrid, los arquitectos Giovanni Batista Crescencio y Alonso Carbonell construyeron varios edificios, como el teatro del Buen Retiro, que conoció el esplendor del Siglo de Oro y dramaturgos como Lope de Vega o Calderón de la Barca, el estanque grande y el de las campanillas. Dentro de El Retiro aún hoy puede visitarse el Casón del Buen Retiro, antiguo Salón de Baile, el Museo del Ejército y los jardines.
El conjunto ha sufrido cambios a lo largo del tiempo, así como la construcción de otros edificios tan destacados como la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro (1759 - 1788) o el Observatorio Astronómico, que se conservan en la actualidad.
El rey Carlos III permitió el acceso de los ciudadanos al parque durante los meses de verano y otoño, siempre y cuando cumpliesen la condición de ir bien aseados y vestidos. Y construyó además su puerta principal, situada en la plaza de la Independencia, donde actualmente se encuentra la Puerta de Alcalá, obra de Sabatini, al igual que los jardines cercanos al Palacio Real.
En 1808, durante la invasión de las tropas francesas, el palacio quedó totalmente destruido y los jardines de forma parcial porque fueron utilizados como fortificación por Napoleón y sus tropas. Años más tarde, Fernando VII (1814 - 1833) inició su reconstrucción y, de nuevo, abrió una parte del jardín al pueblo. Añadió además algunos edificios de recreo que siguieron la moda arquitectónica y paisajística de aquel tiempo: la casa del pescador o la montaña artificial.
Fue Isabel II quien hizo que los jardines pasaran a ser propiedad del municipio en 1868, año en el que finalmente se abre en su totalidad al gran público. Se edificaron el Palacio de Cristal (pensado como invernadero y sala de exposiciones en la actualidad), el Palacio de Velázquez y se colocaron también algunas fuentes como la de los Galápagos o la del Ángel Caído. De esta época es también el Paseo de coches que acoge anualmente la famosa Feria del libro de Madrid.
Cabe destacar la gran rosaleda que alberga el parque, obra de Cecilio Rodríguez en 1915, y que contó con rosas traídas desde los jardines más importantes de Europa. Quedó destruida durante la Guerra Civil, aunque en 1941 recibió más de 4000 tipos distintos de rosas. En el año 1956, se inauguró una nueva rosaleda diseñada con mayor criterio botánico en el Parque del Oeste donde se celebra anualmente el concurso de rosas.
Uno de los últimos cambios que ha vivido el parque es la construcción de “El Bosque de los ausentes”, monumento en recuerdo de las víctimas del atentado del 11 de marzo de 2004 que junto al que se encuentra en la estación de Atocha y la placa de la Puerta del Sol son el gran homenaje de Madrid a los afectados.